domingo, 3 de septiembre de 2017

Buscando la paz

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas. 

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta. 

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico. 

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido... 

Paz perfecta... ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora? 

El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué? 

-Porque -explicaba el Rey-, Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. 

Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz. 

Un verdadero amigo

Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.  El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: 

HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO. 

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. 

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: 

HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA. 

Intrigado, el amigo preguntó: 

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra? 

Sonriendo, el otro amigo respondió: 

Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Cachorritos en Venta

El dueño de un negocio colocó este cartel: "Cachorritos en Venta" Los niños son atraídos por esta clase de anuncios y no pasó mucho tiempo para que uno preguntara: 

- ¿Cuál es el precio de los perritos?
El dueño contestó: Entre $30 y $50. El niño sacó de su bolsillo unas pocas monedas: Sólo tengo $2.35... ¿Puedo verlos?

El hombre sonrió y silbó. De la trastienda, salió su perra corriendo seguida por cinco cachorritos. Uno de ellos no corría como los demás. El niño inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba. ¿Qué le pasa a ese perrito?, preguntó. 

El hombre le explicó que al nacer, el veterinario le dijo que tenía la cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida. El niño se entristeció mucho y exclamó: ¡Ese perrito es el que quiero comprar!

El hombre replicó: No, tú no vas a comprar ese cachorro, si realmente lo quieres, yo te lo regalo. Increíblemente el niño se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: Yo no quiero que usted me lo regale. 

Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar $ 2.35 ahora, y 50 centavos cada mes, hasta que complete su valor.

El hombre contestó: Tienes que pensarlo antes de comprarlo porque él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros.

El niño se inclinó y se levantó el pantalón para mostrar su pierna izquierda inutilizada, soportada por un aparato de metal.

Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo tampoco puedo correr muy bien y el perrito necesitará a alguien que lo entienda.

Al hombre se le hizo un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas... tomó aire, sonrió y dijo: Hijo, sólo espero que cada uno de estos cachorritos llegue a tener un dueño como tú.

En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie, te acepte y te ame incondicionalmente. Un verdadero amigo, es aquel que llega cuando los demás te han dejado.

Definición de hijo

Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje. 

Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. 

¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... EL MÁS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros solo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. 

Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos.

José Saramago

viernes, 14 de julio de 2017

El rey y el bien

Érase una vez un rey que, oyendo de la existencia de un sabio, lo mandó traer para que fuera su consejero. Comenzó el rey de llevarlo siempre a su lado y consultarlo sobre cada  acontecimiento de importancia en el reino. El consejo principal del sabio era siempre: "Todo lo que pasa es siempre para bien". No paso mucho tiempo antes que el rey se cansara de oír la misma cosa una y otra vez. 

El rey amaba cazar. Un día mientras cazaba, el rey se dió un tiro en un pie. Presa de su dolor, se volvió hacia su consejero - siempre a su lado-- para pedirle su opinión. Y el consejero respondió como siempre "Todo lo que pasa es siempre para bien."

Se sumó su coraje a su dolor, y el rey ordenó la prisión para el consejero. 

Esa noche, el rey bajó a la prisión para ver al consejero, y le preguntó que sentía acerca de estar en la cárcel. El consejero respondió como siempre: "Todo lo que pasa es siempre para bien." Esto sólo enfureció más al rey y dejó al sabio en la prisión. 

Un mes más tarde, salió el rey otra vez a cazar. Pero se fue demasiado adelante de sus acompañantes y fue capturado por una tribu hostil. Los nativos lo llevaron a su pueblo para ser sacrificado para los Dioses. Por sus tradiciones, solamente ofrendas perfectas son aceptables a los dioses y el rey parecía un espécimen excepcional.

Pero el próximo día, cuando llegaron los nativos para llevarlo al sacrificio, al inspeccionarlo descubrieron la cicatriz en su pie y tuvieron que rechazarlo para el sacrificio. Lo soltaron y se fue como flecha para su reino - dándose cuenta de lo que le decía su consejero: "Todo es siempre para bien." 

El rey llegó a liberar al consejero quien, al escuchar sus aventuras, le señaló que bien que lo había encarcelado porque ya que siempre estaba a su lado y no tenía imperfecciones, lo hubieran sacrificado en el lugar del rey. 

LEY: No existen coincidencias, accidentes o suerte (buena o mala). Todo lo que pasa tiene un propósito y siempre sucede para el bien de todos los involucrados. Como dijo Nieztche: "Lo que no me mata, me hace más fuerte". Y como dice un refrán mexicano: "No hay mal que por bien no venga". 

La cuestión para ti es de enfoque: te vas a enfocar en lo "malo" que te pasa, o vas a buscar y abrirte a lo "bueno" que trae consigo.

Thomas Michael Powell

El bigote del tigre

Una mujer joven llamada Yun Ok fue un día a la casa de un ermitaño de la montaña en busca de ayuda. El ermitaño era un sabio de gran renombre, hacedor de ensalmos y pociones mágicas.

Cuando Yun Ok entró en su casa, el ermitaño, sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando dijo:

- ¿Por qué viniste?

Yun Ok respondió:

- Oh, Sabio Famoso, ¡estoy desesperada! ¡Hazme una poción!
- Sí, sí, ¡hazme una poción! ¡Todos necesitan pociones! ¿Podemos curar un mundo enfermo con una poción?

- Maestro -insistió Yun Ok-, si no me ayudas, estaré verdaderamente perdida.

- Bueno, ¿cuál es tu problema? -dijo el ermitaño, resignado por fin a escucharla.

- Se trata de mi marido -comenzó Yun Ok-. Tengo un gran amor por él.

Durante los últimos tres años ha estado peleando en la guerra.

Ahora que ha vuelto, casi no me habla, a mí ni a nadie.

Si yo hablo, no parece oír.

Cuando habla, lo hace con aspereza. Si le sirvo comida que no le gusta, le da un manotazo y se va enojado de la habitación.

A veces, cuando debería estar trabajando en el campo de arroz, lo veo sentado ociosamente en la cima de la montaña, mirando hacia el mar.

- Si, así ocurre a veces cuando los jóvenes vuelven a su casa después de la guerra -dijo el ermitaño-, Prosigue.

- No hay nada más que decir, Ilustrado. Quiero una poción para darle a mi marido, así se vuelve cariñoso y amable, como era antes.

- ¡Ja! Tan simple, ¿no? -replicó el ermitaño-. ¡Una poción!

Muy bien, vuelve en tres días y te diré qué nos hará falta para esa poción.

Tres días más tarde, Yun Ok volvió a la casa del sabio de la montaña.

- Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo. Tráeme su bigote y te daré lo que necesitas.

- ¡El bigote de un tigre vivo! -exclamó Yun Ok-. ¿Cómo haré para conseguirlo?

- Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito -dijo el ermitaño.

Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.

Yun Ok se marchó a su casa. Pensó mucho en cómo conseguiría el bigote del tigre. 

Hasta que una noche, cuando su marido estaba dormido, salió de su casa con un bol de arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre.

Manteniéndose alejada de su cueva, extendió el bol de comida, llamando al tigre para que viniera a comer. El tigre no vino.

A la noche siguiente, Yun Ok volvió a la montaña, esta vez un poco más cerca de la cueva. 

De nuevo ofreció al tigre un bol de comida. Todas las noches Yun Ok fue a la montaña, acercándose cada vez más a la cueva, unos pasos más que la noche anterior. Poco a poco, el tigre se acostumbró a verla allí.

Una noche, Yun Ok se acercó a pocos pasos de la cueva del tigre.

Esta vez el animal dio unos pasos hacia ella y se detuvo. Los dos quedaron mirándose bajo la luna. Lo mismo ocurrió a la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca que Yun Ok pudo hablar al tigre con una voz suave y tranquilizadora.

La noche siguiente, después de mirar con cuidado los ojos de Yun Ok, el tigre comió los alimentos que ella le ofrecía. Después de eso, cuando Yun Ok iba por las noches, encontraba al tigre esperándola en el camino.

Cuando el tigre había comido, Yun Ok podía acariciarle suavemente la cabeza con su mano. Casi seis meses habían pasado desde la noche de su primera visita. Al final, una noche, después de acariciar la cabeza del animal, Yun Ok dijo:

- "Oh, Tigre, animal generoso, es preciso que tenga uno de tus bigotes. ¡No te enojes conmigo!" Y le arrancó uno de los bigotes.

El tigre no se enojó, como ella temía. Yun Ok bajó por el camino, no caminando sino corriendo, con el bigote aferrado fuertemente en la mano.

A la mañana siguiente, cuando el sol asomaba desde el mar, ya estaba en la casa del ermitaño de la montaña.

- ¡Oh, Famoso! -gritó-. ¡Lo tengo! ¡Tengo el bigote del tigre! Ahora puedes hacer la poción que me prometiste para que mi marido vuelva a ser cariñoso y amable.

El ermitaño tomó el bigote y lo examinó. Satisfecho, pues realmente era de tigre, se inclinó hacia adelante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea.

- ¡Oh señor! -gritó la joven mujer, angustiada- ¡Qué hiciste con el bigote!
- Dime como lo conseguiste -dijo el ermitaño.

- Bueno, fui a la montaña todas las noches con un bol de comida. Al principio me mantuve lejos, y me fui acercando poco cada vez, ganando la confianza del tigre.

Le hablé con voz cariñosa y tranquilizadora para hacerle entender que sólo deseaba su bien.

Fui paciente. Todas las noches le llevaba comida, sabiendo que no comería. Pero no cedí. Fui una y otra vez.

Nunca le hablé con aspereza. Nunca le hice reproches. Y por fin, una noche dio unos pasos hacia mí.

Llegó un momento en que me esperaba en el camino y comía del bol que yo llevaba en las manos. Le acariciaba la cabeza y él hacía sonidos de alegría con la garganta.

Sólo después de eso le saqué el bigote.
- Sí, sí -dijo el ermitaño-, domaste al tigre y te ganaste su confianza y su amor.

- Pero tú arrojaste el bigote al fuego -exclamó Yun Ok llorando-.

¡Todo fue para nada!

- No, no me parece que todo haya sido para nada -repuso el ermitaño-.

Ya no hace falta el bigote. Yun Ok, déjame que te pregunte algo:

¿Es acaso un hombre más cruel que un tigre? ¿Responde menos al cariño y la comprensión?

Si puedes ganar con cariño y paciencia el amor y la confianza de un animal salvaje y sediento de sangre, sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido.

Al oír esto, Yun Ok permaneció muda unos momentos. Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en casa del ermitaño de la montaña.

¿Dónde está la felicidad?

En cierta ocasión se reunieron todos los Dioses y  decidieron crear al hombre y a la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos  dijo:

"Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y  semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro,  fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos  pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no  ser así, estaríamos creando nuevos dioses. Debemos  quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?" 

Después de mucho pensar uno de ellos dijo: " Ah!! ¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás". 

Propuso el primero: "Vamos a esconderla en la cima del  monte más alto del mundo"; a lo que inmediatamente  respondió otro: "no, recuerda que les dimos fuerza, alguna  vez alguien subirá, y la encontrará; y si la encuentra  uno, ya todos sabrán dónde está". 

Otro dijo: "Escondámosla en un planeta lejano a la  Tierra". Y le dijeron: "No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en  la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirán,  y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a  Nosotros”. 

El último de ellos, era un Dios que había permanecido  en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio  cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: “Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la  encuentren"; todos voltearon asombrados y preguntaron  al unísono: "¿Dónde? ".  "La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan  ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán". 

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido  así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad  sin saber que la trae consigo...